La Coctelera

Rekhar

16 Febrero 2009

Rol

-¡Hay que atrapar a esa sabandija! -gritó Azaron, llevado por un repentino ímpetu difícil de reprimir- ¡Pook, sígueme!

El mediano ladrón sacudió la cabeza, afirmativamente, y echó a correr a la par del mercenario, dando largas zancadas con sus cortas pero veloces piernecitas. Unos metros por delante, un diminuto humanoide con aspecto de lagarto corría velozmente, aterrorizado, adentrándose en la oscuridad de un túnel excavado en la roca para escapar de sus perseguidores. Si lo conseguía, daría la alarma, y toda la misión fracasaría.  

-Urr... chicos...

-...recordáis que los kóbolds son muy buenos fabricantes de trampas ¿verdad? -dijo I, sentada en la mesa de juego, tamborileando gracilmente los dedos sobre su hoja de personaje. Ahissa, su elfa exploradora, había advertido varias veces a los demás miembros del equipo sobre las habilidades como tramperos de esas lagartijas bípedas llamadas kóbolds, pero al parecer, nadie se había tomado demasiado en serio sus advertencias. Hasta ahora, al menos.

E y B se miraron mutuamente, comprendiendo casi al mismo tiempo que quizá no había sido tan buena idea que sus respectivos personajes, Pook y Azaron, entraran corriendo en un túnel oscuro, persiguiendo a un individuo de una raza famosa por su maliciosa inventiva. Tras unos segundos de vacilación, B me miró, tratando de resolver el entuerto.

-Ehh... cuando Ahissa nos advierte, nos detenemos en seco.

-Me temo que es ya muy tarde para eso -respondí, con una sonrisa maléfica, al tiempo que arrojaba un dado de veinte caras sobre la mesa. El dado golpeó la madera con su sonido característico, y tras dar varias vueltas sobre sí mismo, mostró su fatídico resultado.

 Las palabras de la elfa se perdieron en la oscuridad, cuando Pook sintió como el mismo suelo se hundía bajo sus pies. La inyección de adrenalina que recorrió sus venas le permitió pensar y actuar con la celeridad que necesitaba: era una trampa de foso, todo un clásico. Sabía como lidiar con esto, al fin y al cabo, la agilidad era su punto fuerte. Mientras aún caía, el mediano golpeó la pared de piedra con movimientos precisos que no solo redujeron la velocidad de su caída, sino que le permitieron mantener una postura erguida para no abrirse la cabeza contra el suelo, donde quiera que estuviera. Ni siquiera estaba asusutado, solo sentía cierta curiosidad por saber hasta donde se extendía la trampa. De pronto, sus pies chocaron contra una dura superficie de roca, que transmitió por todo su cuerpo una punzada de dolor lacerante. Pook cayó de rodillas, apoyándose en el suelo con las manos, y aspiró profundamente tratando de recuperarse. Era probable que se hubese roto un tobillo, pero nada demasiado grave. Había esperado un foso mucho más profundo.

-¿Esto es todo? -rió, entre jadeos- Parece que los kóbolds no son tan temibles como tramperos, después de...

Su risa murió en la garganta. Frente a él, un centenar de minúsculos lagartos bípedos, de un color verde brillante y penetrantes ojos amarillos, lo miraban con una fijeza que solo podía explicarse de un modo: tenían hambre. Mucha hambre.

-Eres un cabrón -me dijo E, al ver que mi sonrisa se ensanchaba.

 -¡Pook! -exclamó Ahissa, al oir los gritos de dolor que procedían del interior del foso. Rápidamente, ató una cuerda a un saliente de roca, y la arrojó al interior de la trampa, confiando en que Pook tuviese tiempo de aferrarse a ella. Pero para cuando el cabo llegó a su destino, el pequeño mediano estaba tendido bocabajo, cubierto por una infinidad de lagartos que, saltando como pájaros, subían sobre su espalda y lo picoteaban, arrancando pequeños pedacitos de carne. Poco hubiese importado que la cuerda estuviese a su lado, o en el último círculo de los Nueve Infiernos, era imposible que Pook pudiese alcanzarla.

-Voy por él -murmuró Azaron, que había saltado justo a tiempo para evitar la suerte del mediano. Rara vez se comportaba el solitario mercenario de forma tan desinteresada, pero se sentía fuertemente culpable por no haber recordado antes la advertencia de la exploradora. Aferrándose a la cuerda, descendió tan rápido como pudo, sin importarle si quiera que las manos se le quemaran y despellejaran al áspero contacto de las hebras de cáñamo. En pocos segundos había llegado abajo, y agarrando velozmente al mediano, tiró de la cuerda con la única mano que aún tenía aferrada a ella. Algunos de los lagartos comenzaron a mordisquear el cuero de sus botas.

-¡Subidnos! ¡Maldita sea, subidnos de una vez!

Thorbrand, el musculoso guerrero enano que era, con mucho, el más fuerte del grupo de aventureros, no se hizo de rogar. Acercándose al borde del foso, calculó con rapidez que tendría que alzar a peso unos cien kilos, entre el mercenario humano y el minúsculo ladrón mediano. No era nada que no hubiese hecho con aterioridad. Separando los pies, tomó la cuerda y se preparó para tirar.

 El dado de veinte caras rodó de nuevo sobre la mesa, esta vez, arrojado por la mano de V. Aún rodaba cuando varios jugadores opinaron que debería haber esperado a que los demás llegaran, para tirar todos juntos del cabo. V les respondió que no había tiempo, y en cierto modo, tenía razón. La vida de Pook corría serio peligro.

Finalmente, el dado dejó de dar vueltas, mostrando el resultado obtenido. Algunos rieron disimuladamente. E miró hacia el cielo, desesperado, y V cerró los ojos, como si estuviera cansado. Siempre le ocurría lo mismo.

-Tropiezo ¿verdad? -dedujo, mirándome.

-Sep, tropiezas.

-Jodida ley de Murphy.

 Azaron se dijo que estaban en serios problemas cuando vio al guerrero enano caer como un saco al interior del foso. Thorbrand era, indudablemente, bajito, pero también tan voluminoso que el ruido de su caída se hubiese podido confundir con el que debía causar un meteorito al alcanzar la superficie de la Tierra. Al menos, se dijo Azaron, lo cierto era que en cierto modo el enano había cumplido su misión de salvar al mediano. Los pequeños lagartos renunciaron casi inmediatamente a mordisquear a aquel ladrón huesudo y diminuto para lanzarse sobre la mole de carne magra que les había, literalmente, llovido del cielo.

Rezando una plegaria a una diosa en la que no creía demasiado, el mercenario humano ató el cuerpo inconsciente de Pook en la cuerda, coreado el siniestro sonido de un centenar de mandíbulas de reptil al cerrarse como cepos, e introduciendo la mano en aquella marea verde y viva, buscó a tientas algún asidero del que aferrar al enano.

-¡Subidnos!

 -¿Estás loco? -se escandalizó I-. ¡Te partirás en dos!

-Estoy con la elfa -asintió N-, es completamente imposible.

 Azaron sintió como una horda de colmillos, minúsculos y agudos como agujas, roían la carne de su mano.

-¡Subidnos de una puta vez!

Sin discutir más, los tres compañeros que aún no habían caído al foso tomaron la cuerda entre sus manos y tiraron con fuerza.

 -Bueno, B, eso ha sido muy heróico por tu parte, hay que admitirlo -dije, considerablemente sorprendido. Sinceramente, había esperado que el mercenario salvase su propia piel, dejando a sus compañeros en el interior del foso-. Tira el dado, a ver si eres capaz de soportar los cien kilos del enano con una sola mano.

B, nervioso como un jugador de casino que apuesta toda su forutna en una única tirada, lanzó el dado de veinte caras, que rodó por la mesa una vez más, aquella noche. Ahora ya no había vuelta atrás, el dado decidiría.

-Si muero, recordadme como un héroe -dijo amargamente, mientras el pequeño icosaedro numerado se demoraba en dar su respuesta, rodando sobre sí mismo mientras todos los jugadores se inclinaban sobre la mesa. Finalmente, cayendo de lado, el dado decidió.

 El tirón de la cuerda arrancó un aullido de dolor desesperado de la garganta del mercenario, quien pudo sentir como cada músculo y hueso de su cuerpo se quebraba en aquel salvaje esfuerzo. Un torbellino de agonía que, quizá por fortuna, duró únicamente unos segundos. Casi inmediatamente, se sintió caer, y la oscuridad le envolvió como el abrazo de una dulce amante, susurrándole al oído que todo había acabado. Todo había acabado.


 Azaron entreabrió los ojos, revigorizado por las manos sanadoras de Torbuk, el clérigo, que lo sacaban de su inconsciencia. A su alrededor, todos sus compañeros le miraban como si jamás lo hubiesen visto hasta ese momento. Pook le abrazó, y Thorbrand cabeceó con agradecimiento y un extraño destello en su mirada. Hasta ese instante, nadie había podido ganarse la admiración y el respeto del tozudo guerrero enano. Sin creer del todo que aún estuviese vivo, Azaron se dejó caer de espaldas sobre el frío suelo, profundamente agradecido por no haberse convertido en comida de lagarto.

 -No vamos a dejarte diseñar más trampas -dijo E, mirándome con esa mezcla de enfado y alivio que tanto me gusta ver en mis jugadores. Supongo que tres personajes a punto de morir en un mismo lugar era, en su opinión, un tanto excesivo.

Una vez más, sonreí con malignidad. Pobrecillos, no tenían ni idea de lo que les esperaba.

Tags: rol

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

rekhar

rekhar dijo

Esta es mi respuesta a todo aquel que me pregunte por qué me gustan tanto los juegos de rol.

Las letras rojo-verdes, por cierto, son mi homenaje personal a otra cosa... pero esa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión.

16 Febrero 2009 | 05:14 PM

Swi

Swi dijo

Eres un master malvado.

Y tus mastreados tienen una potra increíble.

16 Febrero 2009 | 08:13 PM

Crispina

Crispina dijo

frikiiiiiiiiiiiiiiiii

me he quedao sin internet en el piso T.T

18 Febrero 2009 | 12:15 PM

Rekhar

Rekhar dijo

Eso explica tu ausencia T_T

18 Febrero 2009 | 12:41 PM

Crispina

Crispina dijo

No sé que hacer con mi vida, ahora nada tiene sentido...

19 Febrero 2009 | 12:54 PM

Hikaru

Hikaru dijo

Saludos,
Sep, un master muuy malvado... Pero, una aventura sin trampas como esa, no es una aventura.... ^^
(Este es el resultado de mucha imaginación y mala leche junta, sin duda...)
De todos modos no ha salido ardiendo nada... :(

20 Febrero 2009 | 08:10 PM

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