Torres de asedio en Cheste
-Quizá deberías apartarte de ahí -indicó Dios amablemente, casi tímidamente, haciendo gala de su buena educación y consiguiendo que el trasgo, por puro instinto, mirase a sus espaldas.
La monstruosa torre de asedio avanzaba terrorífica e imparable, abriéndose paso despiadadamente entre la marea humana, acercándose a sorprendente velocidad a las murallas, mientras el mismo suelo parecía temblar bajo la presión de sus ruedas. El trasgo tuvo sólo un instante para recapacitar, evaluando rápidamente los riesgos de la situación actúal. En realidad, no resultó demasiado complicado: se encontraba en el camino que, en breves segundos, iba a seguir la torre de asedio para estrellarse contra su muralla objetivo, de modo que si no quería convertirse en una pequeña mancha verde sobre la piedra, quizá debería seguir el consejo de Dios. Como tocado por un rayo, el trasgo echó a correr, apartándose de la trayectoria de la terrorífica máquina de guerra, y cerrando los ojos, se protegió como buenamente pudo, preparándose para el inminente impacto.
Un impacto que no llegó.
El trasgo alzó la cabeza, extrañado, y se encontró con la imagen que, quizá, debería haber previsto. Su amigo y compañero Vlad, el viejo Paladín que le había acompañando en tantos viajes, se había interpuesto entre la torre y la muralla, tratando heroica y estúpidamente de detenerla con la mera, aunque nada desdeñable, fuerza de sus brazos. Un grito de dolor escapó de sus labios cuando el imparable empuje de la máquina lo arrastró hasta la roca, casi quebrándole la espalda en el golpe. Pero la voluntad de Vlad era fuerte, y aunque los brazos le temblaban y de su frente chorreaba el sudor, detuvo por un instante aquella malévola construcción. Era, sin embargo, sólo cuestión de tiempo.
"Resulta insufrible cuando está borracho" se dijo el trasgo, chasqueando la lengua con fastidio. Volviendo rápidamente sobre sus pasos, aferró a su amigo del hombro y, dando un fuerte tirón, lo apartó a la fuerza de aquella letal situación, tambaleándose ambos por la onda expansiva cuando, libre de su traba, la torre completó al fin su objetivo y se estrelló contra las murallas. Los soldados que marchaban sobre ella se lanzaron inmediatamente hacia delante, aullando de ferocidad y sed de sangre, mientras otros muchos comenzaban la enloquecida escalada por la parte trasera de la máquina de guerra, siguiendo a sus compañeros en su ebriedad de violencia y fuego. Mientras tanto, el trasgo, todavía aferrado al Paladín, observó incrédulo aquel salvajismo sin nombre que no había sido capaz de preveer.
Bien, estimados lectores, ahora les ruego que, en el relato anterior, cambien "murallas" por "escenario del concierto" y "torre de asedio" por "contenedor de basura" y tendrán una idea aproximada de como se las gastan los borrachos de mi pueblo vecino.



Vlad dijo
Cheste, la ciudad sin ley... y lo que molo?
Tan solo me acuerdo de ver el contenedor venir, y sujetarlo un rato ^^U xDD
6 Abril 2008 | 03:00 PM