La Coctelera

Rekhar

13 Enero 2008

Encadenamiento

El viejo Strobilus se alzaba imponente y escarpado, muy por encima del espumoso mar de nubes que lo acariciaba con delicadeza, sin intención ni capacidad de dañar sus paredes de fría roca inerte y desnuda. En su bífida cima, una titánica figura se recortaba frente a la luz rojiza del atardecer, empequeñecida por la majestad de la montaña. A un observador ignorante, le habría parecido un hombre joven de facciones atractivas y largo cabello oscuro. Pero su juventud quedaba desmentida por una mirada colmada de de sabiduría desmedida, y su humanidad resultaba ridícula al reparar en su estatura, más propia de un colosal gigante.

-Recapacita, Bía -suplicó aquella criatura inmensa con una voz profunda, pero no desprovista de cierta suavidad-. Piensa por ti misma, por una vez ¿qué te lleva a enfrentarte a mí?

Frente al gigante, una mujer de menor estatura, aunque igualmente inhumana, lo observaba con rostro cruel. Su cabello, arrastrado por el gélido viento, se ensortijaba en retorcidos bucles que recordaban a serpientes, reptando incansables sobre un suelo invisible. Sus ojos, verdes, fríos como témpanos de hielo, parecían reir con sadismo, alternando su mirada entre su oponente, y la recia maza de hierro negro que sujetaba en la mano izquierda, manchada de oscura sangre seca.

El céfiro seguía soplando indiferente a aquellos dos enemigos, que entre latido y latido de sus corazones se vieron abocados a una terrible batalla, arrastrando en su hálito cristales de hielo que jamás podrían herir la piel de los combatientes. El rugido de Bía sonó como un trueno, y los brutales golpes de aquella maza que hubiese podido derribar una montaña se vieron detenidos por los brazos desnudos del gigante, que parecía disgustado por verse obligado a pelear. Golpe a golpe, la mujer fue retrocediendo, derrotada por aquel inamovible titán. Pero no estaba sola.

-Cratos. Imaginaba que vendrías. Nunca abandonas a tu hermana ¿verdad? -susurró el gigante, al sentir unos brazos poderosos, de una musculatura abultada hasta extremos grotescos, que se enroscaban con crueldad alrededor de su torso. El combate con Bía le había dejado la espalda desprotegida, y ahora, lo habían acorralado.

Unos segundos de forcejeo hubiesen demostrado a aquel monstruoso engendro de horrendas proporciones quién de los dos era más fuerte, pero el gigante apenas tuvo tiempo de actuar. La maza de la mujer se estrelló con fuerza mucho más que humana contra su rostro, arrancándole un grito de dolor, mientras Cratos aprovechaba aquel instante para obligarlo a arrodillarse. Un segundo golpe de la maza consiguio que temblara, y el tercero lo derribó, arrojándolo al suelo comoun dios caído, abatido injustamente por aquellos contrincantes que nunca habían oído hablar del juego limpio. Los dos hermanos se abalanzaron sobre él, sujetándole cada uno un brazo, al tiempo que el gigante, herido y mareado, escupía la sangre de sabor metálico que se le acumulaba en la boca.

Una última figura se acercó, entonces, caminando con dificultad hacia el enemigo vencido. Era un hombre contrahecho, feo y torcido, que cojeaba apoyándose sobre un bastón de metal. En sus ojos profundos, medio ocultos bajo unas cejas prominentes, se leía la inteligencia y la tristeza, el gesto de alguien empujado en contra de su voluntad a hacer algo que le desagrada. La voz del titán caído se quebró, compugnida, al ver llegar a aquel cojo que, bien lo sabía, iba a ser el artífice de su condena.

-¿Tú, Hefesto? ¿Tú serás quién me encadene? ¿Acaso no comprendes que no he hecho daño alguno?

-Lo siento, viejo amigo -dijo el malcarado herrero, arrodillándose junto al gigante con dificultad, a causa de su cojera-. Pero Zeus lo ordena. Le desobedeciste, y has de ser castigado.

-¿Es que no lo entiendes? ¡Sólo ayudé a los humanos! Sin el fuego que yo les regalé, no hubiesen podido sobrevivir a otro invierno. Hubiese sido su fin.

Pero Hefesto le miraba con los ojos, brillantes de lágrimas, de quien no tiene más opción. El titán comprendió que de poco iba a servir tratar de convencerlo de la injusticia que cometía: el herrero ya lo sabía. Con un suspiro, renunció a intentar salvarse, ya desesperado, y dejó que Hefesto le colocara los grilletes irrompibles que había forjado, y lo encadenara a la misma montaña, al imponente Strobilus, el más alto y poderoso de los montes del Cáucaso. Cada martillazo del herrero sonó como una campana de condenación, y cuando Bía y Cratos le soltaron al fin los brazos, y le miraron con sus rostros repletos de cruel sarcasmo, el titán supo que todo había acabado.

-¡Sólo ayudé a los humanos! -dijo por última vez, desesperado-. ¡Zeus no actuó con justicia al codiciar el fuego sólo para si! ¡Y no actúa con justicia ahora!

Hefesto negó lentamente con la cabeza, y se alejó cojeando, seguido por los desalmados hermanos que habían derrotado al titán. Se quedó solo, asustado, preguntando al viento, el incansable céfiro que seguía soplando, cuanto tiempo permanecería encadenado. Y en ese instante, comprendió que su castigo acababa de empezar, cuando, con el último rayo de luz roja del sol poniente, un ave gigantesca se cernió sobre él. Un águila enorme, el mismo símbolo de ese cruel Zeus que castigaba su bondad, que con un estridente chillido ensombreció el cielo, y depositó sus garras sobre el estómago, desnudo y desprotegido, del titán encadenado.

Prometeo, pues ese era el nombre de aquel gigante caído, tuvo que gritar, cuando el pico del águila perforó despiadadamente su carne, buscando incansable el sabroso hígado, revolviendo en la carne desgarrada. Así recompensaban los dioses a los justos.

servido por rekhar 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Crispina

Crispina dijo

(¡¡¡¡APLAUSOS!!!!)
Bravo!! Bravo!!!

Que rabia me ha entrado cuando lo han encadenao, puto Zeus de los cojones!!

Una vez más, Rekhar no nos defrauda. ¿Has pensado dedicarte a esto?

Buena Caza

13 Enero 2008 | 10:20 PM

Never

Never dijo

Oh, veo que ya no hay palabras unidas dónde no debería ^^ (se me olvidó comentarlo ayer)
Pues esta es una de esas historias que siempre me han gustado, especialmente, de la mitología griega.

No me canso de decirte lo bueno que eres, llegará ese momento, pero por ahora no me canso ^^

14 Enero 2008 | 01:59 PM

bree

bree dijo

Vaya...con los Diosos hemos topao...querido trasgo...

16 Enero 2008 | 08:19 PM

Swi

Swi dijo

¡Wow! ¡también escribes sobre mitología! bien, bien... me ha gustado ^^

17 Enero 2008 | 01:38 PM

bree

bree dijo

Mi querido Trasgo...cada vez me gusta más lo que escribes y como escribes...como ves...ya estoy curada...pero no te comas a esta pequeña hobbit...por favor...

28 Enero 2008 | 01:50 PM

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