La Coctelera

Rekhar

18 Octubre 2007

Alucinación Onírica

Cuando el trasgo abrió los ojos, estaba sentado sobre una tablón que flotaba en medio del mar, con los pies sumergidos en el agua hasta los tobillos y la espalda recta. Por supuesto, no tenía idea alguna de cómo había llegado allí. A lo largo de su vida se había despertado en lugares muy extraños, pero aquel, sin duda alguna, era la gota que colmaba el vaso.

-Oh, al fin –dijo una voz, a su lado-. Me alegro de tener a alguien con quien hablar.

El trasgo ladeó la cabeza. A su lado, había una muchacha de su estatura, no muy alta, por tanto, de piel azul brillante y pequeños colmillos aguzados. Bajo unos ojos radiantes e inteligentes, dos ojeras profundas indicaban que, posiblemente, no había dormido demasiado aquella noche.

-¿Berks? -preguntó el trasgo, dubitativo- ¿eres tú?

-¡Pues claro que soy yo, berzotas! ¿quién si no?

El trasgo sacudió la cabeza ¿acababan los ojos de la troll de convertirse en dos pequeños triángulos (^^) por un instante? No estaba seguro. De todos modos, prefirió ignorarlo.

-¿Y qué hacemos aquí? ¿lo sabes?

-Claro que lo sé. Huimos.

-¿Huimos? ¿de quién?

-Eso no lo sé. Es tu sueño. Deberías saberlo tú.

El trasgo se rascó la barbilla ¿por qué huían en una tabla, en mitad del mar? ¿y qué enemigo común podrían tener Berks y él? De pronto, una palabra caló profundamente en su cerebro, y se volvió como tocado por un rayo hacia su interlocutora.

-Espera un segundo, un segundo ¿es mi sueño? ¿estás segura?

-Bastante segura sí ¿por qué lo preguntas?

-No sé... sueles ser tú la que sueña conmigo, si no recuerdo mal

-Ah, eso no lo sabes. Te recuerdo, Rekhar, que tú nunca recuerdas tus sueños, así que quizá sueñes conmigo cada noche, y sencillamente, no te acuerdes.

Vaya, en eso tenía razón, la troll. Para que luego digan que no razonan.

-En fin, supondremos que tienes razón, y este es mi sueño –admitió el trasgo, finalmente-. Al fin y al cabo, si fuese uno tuyo, alguno de los dos, o los dos, tendríamos superpoderes.

-¿Ves?

Ambos se quedaron en silencio por un instante, mientras las olas mecían con suavidad el tablón de madera. Por un instante, Rekhar se preguntó si sería de día o de noche, pero el cielo era de color verde esmeralda, apaciblemente arremolinado por nubes carmesíes, así que no pudo resolver su duda. Un cocodrilo marino, cuidadosamente peinado, pasó a su lado, les sonrió, y siguió su camino, nadando perezosamente con lentos movimientos de su gruesa cola.

-¿Has visto eso? –preguntó el trasgo, tratando de no parecer demasiado asustado. ¿Qué iba a pensar Berks de él?

-Sí, llevaba un peinado ridículo –contestó la troll, sonriendo-. Parecía un niño pijo, y eso queda fatal cuando se tienen dientes afilados. Una cresta (o mejor, tres), le habría favorecido mucho más.

-No me refería a eso, pero supongo que tienes razón. En realidad, nunca he sido un buen esteticista.

-Tampoco yo. No sé por qué lo he dicho. Parecía lo más apropiado.

-No es culpa tuya, este es mi sueño... supongo que he sido yo quien ha imaginado que lo decías. O quizá no. Francamente, Berks, esto es bastante extraño ¿no te parece?

-¿Extraño? Uhm... puede ser. Me vas a disculpar que te lo diga, amigo trasgo, pero tus sueños son muy aburridos, o por lo menos, éste ¿cuándo va a pasar algo emocionante?

-No lo sé. Nunca he sabido controlar mis sueños, ni siquiera cuando sé que son sueños míos. Las cosas, sencillamente, pasan.

-Me gustan más los sueños con superpoderes.

-A mi me gustan las buenas conversaciones. Por cierto, Berks, dime ¿eres tú, desde tu cama, quien estás causando este sueño, aunque sea mío?

-Pues podría ser. Pero en ese caso, sería más bien un sueño compartido. Me falta práctica, ya sabes.

-Entonces, debería pasar algo horrible, para poder recordarlo, o se perderá en la inmensidad de mi memoria, como todos los demás.

-Esforcémonos los dos. Esto es un sueño ¿no? A base de fuerza de voluntad, deberíamos poder convertirlo en una pesadilla.

Rekhar y Berks cerraron los ojos, y apretaron los dientes, intentando concentrarse. Intentaban convocar un tiburón, un remolino, una tormenta, un fantasma, lo que fuera, que enturbiase aquellas calmadas aguas de color turquesa. Porque el joven trasgo sólo recordaba los sueños que le preocupaban, y sólo le preocupaban las pesadillas. Y en aquel momento, por encima de cualquier otra cosa, quería recordar.

Pero el agua siguió tranquila, y el tablón no se movió, más que con el mismo suave ondear de las olas de alta mar. El trasgo bajó la cabeza, apesadumbrado.

-Bueno ¿y qué más da que lo recuerdes o no? El caso es que ha existido, ¿no? –dijo la troll, alegremente, palmeando la espalda de Rekhar con su pequeña mano azul.

-Sí... y no ¿ha existido realmente algo que sólo ha ocurrido en mi cabeza si mi cabeza lo ha olvidado? Ante todo el mundo, ante mí mismo, es como si nunca hubiera ocurrido nada.

-¡Claro que ha existido! Y no sé... quizá esta vez sea diferente. Quizá esta vez te acuerdes de algo.

-Quizá –respondió el trasgo, pero no parecía más alegre.

El pequeño tablón de madera se alejó con lentitud, mecido por las olas. Hasta el amanecer, Berks y Rekhar intercalaron intentos de convertir en una pesadilla aquel sueño entre conversación y conversación, pero sin éxito. Sólo unos segundos antes del despertar, apenas en el umbral que precede a la vigilia, cuando el sueño se volvía nebuloso y se desvanecía, el trasgo levantó la cabeza, y con una sonrisa a medio camino entre la ternura y la tristeza, susurró algo.

-Quizá, amiga Berks, ningún sueño en el que aparezcas tú podría convertirse en una pesadilla.



Los rayos de sol apuñalaron los párpados cerrados del trasgo, que levantó la cabeza tratando infructuosamente de abrir los ojos. Ningún pensamiento consiguió atravesar su duro cráneo hasta llegar a su mente, hasta que una voz potente, a su lado, inquirió una pregunta.

-¿Quién es Berks?

-¿Berks?

Los ojos del trasgo se enfrentaron a la mirada, poderosa y penetrante, de su interlocutora.

-Has hablado en sueños toda la noche ¿quién es esa Berks?

El trasgo no contestó. Sencillamente, sonrió.

Tags: trasgos, trolls

servido por rekhar 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Never

Never dijo

Mmmm... un trasgo y una troll en medio del mar, cocodrilos con tres crestas, trolls que razonan, trasgos que intentan convertir sus sueños en pesadillas...

Sólo una cosa tengo clara: la troll debió enrojecer hasta la punta de sus orejas (¿de qué me suena esto?) al oir la despedida del trasgo.

19 Octubre 2007 | 01:26 AM

bree

bree dijo

Señor trasgo...escribe muy bien...y eso que es un trasgo...

19 Octubre 2007 | 12:35 PM

Swi

Swi dijo

¡Waiva! ¿quién diría que me iba a encontrar al cocodrilo melenudo por aquí?

Como la mayoría de los sueños... surrealistas pero, sin duda, tiene un final muy bonito. Me gustaría saber con qué cara se queda Berks.

21 Octubre 2007 | 02:29 PM

Crispina

Crispina dijo

Bonita e íntima conversación entre el trasgo y la troll... aunque sea en sueños, claro.

Como siempre, muy bien escrito.

Buena Caza.

22 Octubre 2007 | 08:24 PM

ana-kato

ana-kato dijo

así de simple: ME HA ENCANTADO

6 Noviembre 2007 | 03:29 PM

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