Como hermanos
Sentada en su sitial favorito, un enorme trono rojo que la hacía parecer más pequeña de lo que ya era, la mediana miraba hacia ese lugar que sólo se revelaba ante sus ojos. Unos cabellos anaranjados brillaban bajo la tenue luz de un día nublado, con demasiados matices como para ser descritos en unas pocas frases. El color de su pelo era, sin embargo, inusitadamente variable, pues la mediana era conocedora de ciertos conjuros y rituales que empleaba para variar las tonalidades de su cabello con una frecuencia abrumadora. Sus ojos, fijos en una imagen inexistente, ignorantes del mundo real que la rodeaba, eran oscuros y suavemente rasgados, dándole a su diminuta figura un cierto aspecto oriental. Sus labios finos estaban apretados en un ligero mohín, que le daba a su rostro un aire afligido, como si reflexionara sobre los momentos más tristes de su, aún, corta vida.
El trasgo, tranquilamente tumbado en un rincón, con las manos entrelazadas tras la nuca, le dirigió una mirada. Los eternos silencios que para ella eran parte fundamental de su modo de vida, se le hacían a él terriblemente incómodos, de modo que, tras pensarlo un instante, decidió hablar sobre algo que llevaba tiempo queriendo decir.
-¿Sabes Inertia? El otro día me preguntaron algo que me llevó un tiempo responder –dijo al fin, pensando en el mejor modo de decir aquello.
La mediana, al oir su nombre, pareció volver al mundo real. Sus ojos dejaron de recorrer su Otromundo particular y se posaron en el trasgo, interrogativos.
-¿Qué fue?
-Me preguntaron por qué, siendo que resultas tan atractiva a todos los que te conocen, yo, que soy uno de los que más tiempo han pasado a tu lado, nunca me he quedado prendado de ti.
El silencio se hizo más patente que nunca, en ese preciso instante. Los ojos orientales de Inertia se clavaron como dagas en el trasgo, tratando de escrutar su mente y su corazón antes de que dijera nada más. Finalmente, jugueteando con el pelo como solía hacer, se rindió.
-¿Y qué contestaste?
-Contesté que –respondió el trasgo, sonriendo- desde que te conocí, por alguna razón que no comprendo, te he considerado como mi hermana pequeña. Nunca he entendido exactamente por qué, ni por qué eres tan importante para mi, pero lo cierto es que así es como te veo. Como mi hermanita.
El trasgo y la mediana se miraron. Eran muy diferentes, y en muchos aspectos, virtualmente opuestos. En aspecto, en personalidad, en gustos y en modo de pensar. Sin embargo, el trasgo sabía que había algo que les unía, algo extraño y que no podía comprender, pero que, para él, siempre sería patente.
Eran los hermanos más extraños que hubiese conocido nunca.
Unos segundos de silencio respondieron a las palabras del trasgo, pero Inertia sonreía.






elwe dijo
Bonita relación de hermanos... genial relato...
Experiencia personal?
17 Julio 2007 | 09:45 PM