Vlad
El caballero andante miraba hacia el horizonte, balanceándose suavemente con el trotar de su rocín. Un caballero de armadura negra como la obsidiana, brillante bajo los rayos del sol, sobre un caballo negro como el carbón. Una sombra oscura en un páramo iluminado, desmentida sólo por los rubios cabellos, cortos ahora, aunque antaño habían sido largos y dorados, del caballero.
Dos noches había reposado en una alegre posada que se alzaba en mitad de ninguna parte, donde se reía, se bebía y se cantaba, se murmuraban historias que asustarían a los más valientes y se buscaba grata compañía que pudiese caldear con su amor las sábanas. Dos noches que habían pasado ya, y el caballero de nuevo marchaba, avanzando por el camino sinuoso, con su fiel montura cargada de víveres y bienes. Todo lo necesario para sobrevivir en aquel mundo innecesariamente cruel con los de corazón amable.
Entonces, su mirada se alejó del horizonte infinito y constante, y se detuvo en un saquillo que colgaba de una cinta, cerca de la crin del poderoso caballo. Un saquillo diminuto, adornado de brillantes colores, como si quisiera disimular la naturaleza del veneno que contenía. Un veneno lento, terrible, que le había otorgado una extraña bruja de mente divagante y mirada perdida, hacía ya largos meses. Un veneno cuyo mayor peligro era que resultaba dulce a la lengua al probarlo, y nublaba la mente con hermosas visiones al olerlo, pero que atrapaba y consumía a aquellos que se dejaban engañar por aquella promesa de dulzura y gloria, matándolos poco a poco y con cruda dureza. El caballero negro había mantenido un duelo de voluntades con aquel veneno durante largo tiempo, un duelo brutal, en el que había perdido unas batallas y ganado otras. Pero aquel saquillo seguía colgado cerca de la crin de su caballo.
-Quizá a alguien le alegre encontrarte -dijo el caballero, súbitamente decidido.
Y entonces, con un gesto rudo, arrancó el saquillo de veneno de su cinta, apretándolo con la mano diestra, y lo lanzó lejos, muy lejos de él y de su caballo.
El trasgo, que vio todo aquello desde su privilegiada posición, tuvo que sonreir.


Vlad dijo
Joer, que epico te ha quedado...
Gracias, hermano
3 Julio 2007 | 02:40 PM